El narcisismo, una patología mental, más cerca que nunca

Los medios de comunicación y cada una de las plataformas sociales se han transformado en la cuna mecedora del egocentrismo moderno; digo egocentrismo moderno, porque el ego de antaño era sólo fruto de resultado de grandes hazañas  bélicas. Hoy al egocentrismo se le califica como narcisismo, aunque en algunos caso el primero no pase más allá de una pose fotográfica.

Se considera al narcisismo como una patología psicológica, sin embargo quienes la padecen viven en un mundo de deleite a caudales, pero de muy difícil descripción.

Existe un peligro latente de ser atraído por el narcisismo, puede parecer algo bueno al comienzo, pero tener consecuencias devastadoras más tarde. Algunos lo comparan a un crack que se toma con una bebida refrescante; se respira casi al instante una excitante sensación de euforia, listo para hacer cualquier cosa. Pero esta fantasía efímera, aparece con la realidad en el momento que la droga desaparece. Es como cuando se quiere sorprender con una selfie maravillosa, con orgullo rebosante y mucha fantasía, pero que después de saber que su resonancia en los medios expuestos fue mediocre, desinfla la personalidad egocéntrica llevándola a una subestimación. Sin embargo, esto no termina ahí. Se insiste con otra fotografía para saciar la sed en la búsqueda de una satisfacción egoísta, como sucede con cualquier tipo de droga.

El “yo quiero más” es una lucha constante para atraer la atención. Una sonrisa, una mirada, cualquier cosa es valedera para lograr la aprobación social a través del encanto, incluso regalos; pero cuando esto no se logra, lo que al principio se buscaba como seguidores, ahora se le ignora y por lo pronto desaparece, y comienza una nueva búsqueda “yo te sigo si te gusta lo que muestro”.

Casi siempre el narcisista tiene una necesidad oculta por satisfacer, como los medios de comunicación necesitan de los espectadores para sobrevivir. Requieren de un flujo constante de historias entretenidas y emocionantes para exhibir. El narcisista percibe instintivamente la agenda oculta de los demás, similar a la suya, y naturalmente sabe como llegar a satisfacer dichas necesidades a través de los medios y plataformas sociales.

La realidad de un narcisista es como un accidente psicológico, algo así como abusar  del autoestima, esto en la práctica se convierte en una adicción. Al igual como cualquier droga se hace con la persona, el narcisista toma el control de los medios o de cualquier persona. El narcisista se vale de los medios de comunicación, y para eso tiene un gran abanico de posibilidades. Cuando logra exhibirse en algunos de ellos, no le faltarán ganas de seguir como protagonista en otro medio.

La sociedad ha permitido para el deleite de los consumidores, el exhibicionismo de cualquier persona protagonista de cualquier hecho que llame la atención y que sirva para conseguir emociones, y así satisfacer necesidades mercantiles.

Se ha permitido la proliferación de intimidades a caudales, algo así como “todo vale si existe un propósito determinado”. La vergüenza del chasco no parece existir.

El culto al “yo”  esta en sus comienzos como una pandemia universal. Según lo cuenta la mitología, el culto al ego fue por falta de amor. Hoy sigue siendo el mismo motivo, ese amor se busca en la satisfacción del ego a través del exhibicionismo sin control.

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